jueves, 1 de diciembre de 2011

Celebración de la última pascua judía de Jesús con sus discípulos


¿La Santa Cena,  Cena del Señor,  Eucaristía o Sagrada Comunión?


Celebración de la última pascua judía de Jesús con sus discípulos

           
Según la mayoría de las religiones o sectas, denominan aquel acontecimiento en el que Jesús celebró la última pascua con sus discípulos, la Santa Cena o la Cena del Señor.  Así mismo, dichas religiones o sectas tienen, según ellos, como mandato del Señor, el hacer una celebración de aquel acontecimiento muy a menudo. Dependiendo de cuál sea la denominación o secta, así se realiza el ritual de dicha celebración, queremos decir, que entre ellas no se han puesto de acuerdo, sino que discrepan, teniendo énfasis muy diferentes y contrarios unas de las otras.Por ejemplo: hay quienes creen necesario celebrarla todos los días, otras una vez a la semana, otras una vez al mes o al año, etc., etc. Pero como es obvio, lo peor no es la celebración en sí, sino que lo que realmente produce gran tristeza y dolor, es la mala interpretación  que hacen acerca de aquel acontecimiento.
          
Para poder entender todo esto mejor, es necesario e inevitable exponer algunas interpretaciones o declaraciones de ciertas religiones o sectas que conviven con nosotros.
La iglesia católica apostólica romana, enseña que: “En el sacramento de la Eucaristía o sagrada comunión, Cristo está real, verdadera y sustancialmente presente bajo las especies de pan y vino; está presente el cuerpo, sangre, alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo. En el sacrificio de la Eucaristía o Misa, Cristo, sumo sacerdote, se ofrece a sí mismo en unión con su Iglesia, por medio de los sacerdotes humanos, como víctima de expiación por nuestros pecados. Este sacrificio, instituido por Jesús durante la última cena, es un memorial y una renovación del sacrificio cruento de Cristo en el Calvario”. (Declaración tomada de la Enciclopedia Referencia Católica)

La iglesia evangélica, enseña mayormente, y decimos mayormente porque como es sabido la iglesia evangélica está compuesta por muchísimas denominaciones, y entre ellas no hay unanimidad de criterios o doctrinas,esto es, un credo como sí ocurre en la mayoría de las demás religiones o sectas. Pues bien dicha religión enseña entre otras cosas que: “El sacramento de la Cena del Señor fue instituido por nuestro Señor mismo. Consistente del pan y del jugo de la vid, constituye un símbolo que expresa nuestra participación de la naturaleza divina de nuestro Señor Jesucristo, un recuerdo de sus sufrimientos y de su muerte, y la profecía de su segunda venida. Todo creyente debe participar de la Cena hasta que venga el Señor. (Declaración tomada del libro Doctrinas Bíblicas de P.C.Nelson)

La iglesia de los Santos de los Últimos Días (mormones), enseña que: “La Santa Cena es el sacramento y la ordenanza de tomar el pan y el agua en memoria del sacrificio expiatorio de Cristo. El pan partido representa su cuerpo quebrantado; el agua representa la sangre que derramó al expiar nuestros pecados. Cuando los miembros dignos de la Iglesia toman la Santa Cena, prometen tomar sobre sí el nombre de Cristo, recordarle siempre y guardar sus mandamientos. Es mediante esta ordenanza que los miembros de la Iglesia renuevan sus convenios bautismales. (Declaración tomada del libro de mormón)

Los Testigos de Jehová,enseñan que: “Los cristianos han recibido el mandato de celebrar la Conmemoración de la muerte de Cristo, la cual se llama también la Cena del Señor. Jesucristo estableció esta celebración la noche de la Pascua judía. La Pascua era una fiesta que tenía lugar solo una vez al año. Aquella noche, Jesús celebró la Pascua con sus apóstoles, despidió a Judas Iscariote y luego estableció la Cena del Señor. Esta comida sustituyó a la Pascua judía y, por esa razón, debe celebrarse una sola vez al año.(Declaración tomada del libro ¿Qué enseña realmente la Biblia?)
           
Después  de haber expuesto todo esto, no nos queda más remedio que echarnos las manos a la cabeza por tantos disparates y contrariedades. Sólo se pueden sacar dos conclusiones: o una de estas religiones es la que enseña lo verdadero y las demás no, o todas nos están engañando falseando la verdad. Esto eslo que nos hacen las religiones o sectas con las doctrinas o enseñanzas de Cristo: las tuercen, dicen que Jesús dijo lo que Él no dijo, nos dividen y nos confunden.
           
Por un lado, vemos como la iglesia católica enseña que el pan y el vino son transformados realmente en la carne y la sangre de Cristo, esto es, que cada vez que celebran la Eucaristía, comen realmente el cuerpo de Cristo. Pero según ellos, no hay porque tomar ambas cosas, de ahí que los feligreses tomen el pan y solo los sacerdotes tomen el pan y el vino, o sea, que  esto no lo toman al pie de la letra como Jesús hizo en aquel momento, dando de ambas cosas a los apóstoles. Por otro lado, los evangélicos o protestantes, que, si tomamos la teoría luterana, niegan que la substancia de pan  y de vino se cambien en la sustancia de Cristo (como opinan los católicos), pero afirman que Cristo está presente “en, con y bajo” la sustancia de pan y de vino.Los reformadores o calvinistas, en oposición a los luteranos, niegan la omnipresencia del cuerpo de Cristo, pero afirman la presencia dinámica o espiritual de Cristo en los elementos del pan y del vino en la Cena. Otra teoría de los protestantes es la de Zwingliano, que entre otras cosas enseña que el pan y el vino de la Cena, no contienen ni transmiten su presencia espiritual, sino que únicamente simbolizan o representan la presencia de Cristo de tal modo, que ésta llega a ser real en la mente y de esa manera fortalece la fe.
        
¡Qué horror! Pero como hemos visto y sabemos, esto no queda aquí. Los mormones que es una mezcla de todo esto anteriormente expuesto, añaden algo más de confusión, ¡cómo si ya no fuera poco! Estos, en vez de representar o simbolizar la sangre con vino, lo hacen con agua, ¡pero bueno! y esto ¿de dónde se lo sacan? Aquí cada uno hace lo que bien le viene en ganas. Menos mal que dicen los mormones creer que: “al tomar la Santa Cena es un recordatorio a guardar los mandamientos de Jesús.”Y qué decir de los “Testigos de Jehová”. Éstos, a diferencia de los anteriores, opinan que sólo se ha de celebrar la Cena una vez al año y sólo los 144.000 elegidos, que son los que van al cielo, y los restantes, que van  a vivir en la tierra, tienen que participar en la celebración, pero no pueden tomar del pan y del vino. Por eso ellos hacen mucho hincapié, en que Judas Iscariote no pudo participar del pan y del vino(aunque según la Verdad, sí que participó). Pero de verdad ¿no es todo esto para echarse las manos a la cabeza?
          
 Seguidamente, y después de haber analizado algunas sectas, a sí mismas llamadas cristianas, acerca de la por ellas también llamada “Santa Cena”, pasaremos a indagar en la Palabra de Dios, que es la única verdadera y la que solamente nos puede sacar o liberar de toda confusión, desorden y falacia.
           
En los evangelios se encuentra la perfecta narración de lo que ocurrió aquella noche en la que Jesús cenó por última vez con sus discípulos el día de los panes sin levadura o pascua judía. Para ello observaremoslos evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, para obtener una visión clara de aquel acontecimiento. Comenzaremos con el de Mateo capítulo 26, versículos del 17 al 29, donde se dice que:

El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndoles: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua.Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce. Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno a decirle: ¿Soy yo, Señor? Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuere a ese hombre no haber nacido. Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho. Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

Bueno, así narra Mateo lo que sucedió en aquella noche. Los discípulos prepararon la cena de la pascua judía y Jesús se sentó con los doce  a comer, y mientras comían, Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió, y dio a todos sus discípulos (incluido Judas Iscariote).Seguidamente Jesús dijo: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa (que contenía vino, fruto de la vid y no agua), dijo: Bebed de ella todos (los doce),porque esto es mi sangre del nuevo pacto.” Queda claro que Jesús le dio de comer pan y de beber vino a todos.
           
En ningún momento Jesús dijo que convertiría el pan en carne y el vino en sangre y tampoco Mateo que estuvo presente en esa cena lo dice.Si esto hubiese sido así, no nos cabe la menor duda que Mateo lo hubiese narrado, porque no sería para menos, ¿cómo se le podía olvidar algo tan importante o de tanta relevancia? como ocurrió por ejemplo con las bodas de Canaán, cuando convirtió el agua en vino o cuando Jesús anduvo por las aguas o con la multiplicación de los panes y los peces, o en cualquier otro relato de algún milagro que Jesús hizo. No, Mateo se limita a contar lo que Jesús hizo o dijo y no menciona o aclara nada de un milagro.
           
En el evangelio de Marcos capítulo 14, versículos del 12 al 25, podemos ver este mismo acontecimiento pero narrado por Marcos, que no perteneció a los 12 discípulos. Y en los versículos del 22 al 25, dice:

Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.

Como podemos apreciar fácilmente, Marcos no discrepa en nada de lo que cuenta Mateo. Queda claro que no se menciona nada acerca de que Jesús hiciese el milagro de convertir el pan y el vino en su cuerpo. Se ve una vez más muy claro que los testigos de Jehová mienten, cuando dicen que Judas Iscariote no participo en tomar el pan y el vino. De la misma manera que los mormones en sustituir el vino, fruto de la vid, por el agua. Ahora, pasaremos al evangelio de Lucas,  capítulo 22, versículos del 14 al 20, donde leemos que:

Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias y dijo: Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
          
 Aquí Lucas, a diferencia de Mateo y Marcos, incluye la frase de “haced esto en memoria de mí”, llama la atención que ni Mateo, ni Marcos hayan mencionado dicha frase. Pero nos vemos obligados  a hacernos esta pregunta: ¿a qué se refería Jesús cuando dijo: haced esto en memoria de mí? Cuando seguidamente analicemos el cuarto evangelio, la vamos a poder responder con mucha más claridad. En el evangelio de Juan capítulo 13, podemos leer lo que Juan narra de dicha noche, donde Jesús comió con sus apóstoles la última cena. Al analizar dicho capítulo, comprobaremos que Juan no entra en detalles acerca del pan y del fruto de la vid que bendijo Jesús, y como Mateo y Marcos, tampoco menciona el “haced esto en memoria de mí”. Pero sin en cambio, el evangelio de Juan, es clave para entender el verdadero significado de la noche en que Jesús comió por última vez la pascua judía. En este evangelio capítulo 13, versículos del 2 al 7, dice:

Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón,  que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado toda las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.
          
 En los versículos 12 al 15, dice: 

Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
           
Juan, ese discípulo que siempre estaba cerca de Jesús, cuenta algo que ocurrió aquella noche, que no contaron los otros tres. Pero que completa la visión de lo que ocurrió. Cuando Jesús lavó los pies de los discípulos y Pedro quiso rechazarlo, Jesús le dijo: 

Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después 

¿creéis que Pedro era tan torpe como para no comprender lo que Jesús estaba haciendo? Jesús les estaba lavando simple y llanamente los pies, pero esto no era  lo que Jesús les estaba enseñando a que siguiesen haciendo los unos para con los otros, que fue lo que Pedro mal interpretóy por eso Jesús le respondió con esas palabras de, “ahora no lo comprendes; lo entenderás más tarde.Pues bien, deberíamos de haber entendido que Jesús el Maestro tiene, como nadie, esta peculiar y única forma de enseñar. Él, utiliza símbolos o formastanto materiales o físicas, como mentales o imaginativas, para hacernos entender el verdadero significado de sus enseñanzas. A parte de esto que hemos visto de comer el pan y beber el vino o el de lavar los pies, veremos a continuación, algunos ejemplos más para entenderlo mejor. En este mismo evangelio en el capítulo 4, podemos ver el relato de Jesús con la mujer samaritana, y en los versículos del  13 al 15, leemos:

Respondiendo Jesús le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

En este pasaje ocurre como en el anterior del lavamiento de los pies, la mujer, como Pedro y como es lógico en el hombre natural, al principio no entienden la enseñanza espiritual del Maestro. Esta mujer samaritana entendió que Jesús le iba a proporcionar agua física o material para saciar su sed, pero para nada Jesús se estaba refiriendo a eso. Los evangelios están llenos de esta forma tan peculiar de enseñar que tiene el Maestro. En Mateo 18, versículos 8 y 9, dijo Jesús:

Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.
¿A caso puede pensar alguien que Jesús se estaba refiriendo literalmente a cortarse la mano o a sacarse el ojo? Creemos que estos ejemplos son suficientes, como para deber saber diferenciar,entre lo que es un milagro de lo que es una parábola o alegoría, o de una metáfora.Cosa que por lo visto a pesar de los muchos estudios y títulos, los llamados teólogos o maestros en las respectivas sectas no lo saben. Con razón dijo Pablo:

Que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. (1ª Corintios 1:27 y 28)

Queremos manifestar clara y rotundamente, que en la última pascua que celebró Jesús con sus discípulos, es totalmente falso que Jesús hiciese el milagro de convertir el pan y el vino realmente en su cuerpo, como dice la iglesia católica que ocurrió. Tampoco son ciertas las diferentes enseñanzas de las iglesias evangélicas, de los mormones o de los testigos de Jehová.

Ya Jesucristo anteriormente hizo la aclaración perfecta, de lo que más tarde en esa cena de la pascua quiso simbolizar materialmente con el pan y el fruto de la vid. Estamos hablando, claro está, del  capítulo 6 del evangelio de Juan. En los versículos del 50 al 56, el Maestro dice:

Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida y  mi sangre es verdadera comida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mi permanece y yo en él.

Para los que conocemos a Dios, nos resulta verdaderamente ridículo y lamentable, estar obligados a aclarar algo que no puede ser mejor aclarado de como lo hace el Maestro, y esto lo hacemos por culpa de los falsos maestro de las distintas religiones o sectas que adulteran las enseñanzas de Jesús.
          
 Esto que hemos leído en Juan 6, es lo mismo que Jesús le volvió a recordar, o decir, a sus discípulos en aquella cena, solo que quiso en ese momento simbolizarlo físicamente, con el pan y el vino o lavándoles los pies a los discípulos. Pero no para que de aquella enseñanza se hiciera todo un ritual cada día, semana, mes o año como hacen las sectas. Comer del pan de vida, esto es, de Cristo, significa entre otras cosas: permanecer en Él, andar como el anduvo, seguir sus pisadas o su ejemplo. Comer de su carne y de su sangre, es  ser consciente de estar dispuesto a sufrir el mismo calvario que Jesús sufrió por amor a la Verdad, ¡en fin! En definitiva y abreviando, es ser imitador de Él. Por eso a ningún apóstol de Jesucristo, se le ocurrió o se le ocurrirá hacer una ceremonia de esa última cena o ¿Quién puede demostrar con las Escrituras que Pedro, Juan, Andrés o algún otro haya hecho o enseñado tal ceremonia? Nadie puede hacerlo, puesto que es contrario a Dios y ninguno de ellos hizo tal locura.
         
Cuando Jesús dijo: 

Haced esto en memoria de mí”,fue después de haber dicho: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado”

Si hacemos un pequeño análisis de dicha frase, nos daremos rápidamente cuenta que Jesús no se estaba refiriendoa partir el pan y repartirlo entre los demás, y mucho menos a hacer un ritual de ello como muchas sectas falsamente enseñan, sino a su cuerpo que por nosotros es dado (Jesús les servía, les enseñaba, les curaba, les pastoreaba y puso su vida por nosotros), y al igual que Él, nosotros somos llamados a dar nuestros cuerpos por los demás; y esto, como discípulos suyos, sólo lo debemos  hacer en memoria de Él. Porque como bien enseño en aquella última cena, diciéndonos: 

Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.(Juan 13:15)
          
 La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber? Dijo Jesús en Juan 18:11 y es la misma copa de bendición que bendecimos, de la que nos habla Pablo en 1ª de Corintios 10:16 y que aclara diciendo: ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? O como también dice en el versículo 21: No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participarde la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.O en Mateo 20:22 y 23, diciendo: ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber…? A la verdad, de mi vaso beberéis. 

 En todos estos relatos, Jesús y su Palabra nunca se estaban refiriendo a hacer de elloun ritual consistente en tomar un trozo de pan y beber un poco de vino y que el hombre lo bendijese, sino en la comunión de su cuerpo dado por nosotros. Y a esto se refiere Jesús en Mateo 26:39, cuando dijo: 

Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa. 

Esta copa no es una copa hecha por hombre que incluye vino, sino verdaderamente es el sacrificio del cuerpo de Cristo que fue dado por nosotros, una vez y para siempre. Esto es lo que debemos recordar siempre, y no simbólicamente con un trozo de pan y un poco de vino de vez en cuando, sino siguiendo el ejemplo que nos ha dado, para que como Él nos ha hecho, nosotros también hagamos. De la misma manera que Cristo dio su vida por nosotros, nosotros también somos llamados a dar nuestra vida por nuestro prójimo. Jesús dijo:

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. (Juan 15:13)

Algunos de los que hayáis sido enseñados por las sectas, pensaréis inmediatamente ¿Y qué ocurre con 1ª de Corintios, capítulo 11? Este es el capítulo que toman las religiones o sectas para avalar la mal llamada por ellos “Santa Cena o Eucaristía”, nombres que naturalmente no aparecen en la Palabra de Dios. En dicho capítulo en los versículos 17 al 34, Pablo reprende a los corintios, porque éstos, cuando se reunían como iglesia, tenían entre ellos divisiones y esto, dice Pablo, no es comer la cena del Señor (vers.17-20). Porque se adelantaban unos a otros al comer, unos tenían hambre, otros se saciaban y otros se emborrachaban. Evidentemente, esto que estaban haciendo los corintios, no era comer la cena del Señor. Cuando  se reúne como Iglesia, el Maestro enseña a que no nos reunamos para agradar a la carne comiendo y bebiendo, pues para eso tenemos nuestras casas, sino para comer y beber de Cristo y esto no simbólicamente repartiendo pan y vino, sino en Espíritu y en verdad como corresponde a los verdaderos; unidos compartiendo, ayudando, enseñando,exhortando…, en memoria de Él. Como también Pablo dice en otra parte: 

Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu (Romanos 14:17). 

Y la iglesia de Corinto estaba haciendo todo lo contrario.

En los versículos del 23 al 25, Pablo cita lo que había recibido del Señor, y que está en perfecta armonía con lo que hemos visto en los evangelios acerca de aquella última cena. En el versículo 26, Pablo continúa enseñando que todas las veces que comiéramos este pan y bebiéramos esta copa, es decir, cada vez que nos reunamos como iglesia, comiendo unidos en armonía y teniendo en todo a Cristo presente, su muerte  anunciamos hasta que Él venga. Por eso señala en el versículo 27, que:  

Cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre de Cristo.  

Y continúa en los versículos siguientes aclarando esto. Queriendo decir y enseñar claramente, que lo que venían haciendo de comer cada uno lo suyo, sin esperarse unos a otros, dejando con hambre a los que no teníany emborrachándose, no era comer la cena del Señor. Por eso termina con los versículos 33 y 34, poniendo orden diciendo:

Así que, hermanos míos, cuando os reunís (como iglesia) a comer, esperaos unos a otros. Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio.

El mismo Pablo deja todo esto muy claro en esta misma carta a los Corintios en el capítulo 5, versículos 7 y 8, diciendo:

Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra Pascua,que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.

Nuestra Pascua es Cristo,que ya fue sacrificado, y celebramos la fiesta continuamente con panes sin levadura, esto es, de sinceridad y de verdad. Es nuestra celebración de la Pascua; comer del Cordero, pero no del cordero que se sacrificaba en la pascua judía, sino del Cordero de Dios, Cristo¿Dónde enseña Pablo en todo esto un ritual,celebrándolo de cuando en cuando, comiendo pan y bebiendo vino, y llamándole la Santa Cena o Eucaristía, como hacen las religiones o sectas?

Queridos lectores, no se dejen engañar más por las diferentes religiones, sectas o denominaciones. La Iglesia de Cristo no vive en templos hechos por manos de hombres, ceremonias o cultos, celebraciones o rituales simbólicos, carnales, paganos o mundanos. La Iglesia de Cristo vive según el Espíritu, esto es, espiritualmente (ver Romanos 8) y siguiendo el modelo de vida según Jesucristo. Escudriñe las Escrituras y vaya al Maestro. Olvídense de lo que los hombres le han mal enseñado e investigue la Palabra de Dios. Participe de la verdadera Pascua, esto es, de Cristo, y coma y beba de Él. 

Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente (Juan 6:58).

Así pues queridos amigos, hemos podido comprobar que no hay unanimidad de criterio entre las diferentes religiones, y mucho menos en sintonía con el evangelio del reino, sino todo lo contrario, discrepando unas de la otras radicalmente,  siendo la conclusión final, que todas las religiones o sectas existentes no son más que obras de hombres,  falsas y engañadoras, que tuercen y adulteran la Palabra Dios y el evangelio de Cristo.Les exhortamos pues, a que coman del verdadero pan que descendió del cielo, de sinceridad y de verdad, y no coman del pan hecho por los hombres como enseñan los falsos sacerdotes, maestros, pastores, etc., dentro de las religiones, o sectas, en sus rituales o ceremonias.

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